La Dinastía 18 - La otroria gloria de Egipto
El
rey Amosis es tradicionalmente conocido como el fundador de la XVIII Dinastía,
el primer rey del Imperio Nuevo, ya que fue el primero de su familia que
gobernó en Egipto sin ninguna clase de oposición. Los textos
históricos explican que Kamose no completó la expulsión
de los hicsos, sino que murió antes de poder acabar su tarea; era
Amosis quien debía enconces finalizarla.
Hicsos
Los Hicsos eran un pueblo emigrante que se estableció en el norte
de Egipto. Paulatinamente obtuvieron poder político, de forma que
en 1600 A. C. Egipto (en su parte norte) ya era gobernada por ellos. El
primer rey, Salitis, estableció su reino en Menfis, pero luego
trasladarían su capital a la ciudad de Avaris. Los hicsos fueron
tiranos y crueles, de manera que un siglo después (en 1570 A. C.)
fueron expulsados hasta lo que hoy es la frontera de Israel con Siria.
La capital de los hicsos en Egipto, Avaris, fue destruida totalmente por
Amosis, el primer faraón de la Dinastía 18.
Hicsos es el término helenizado de la denominación egipcia heqa-jasut que significa Gobernantes Extranjeros. Introdujeron en Egipto el caballo y el carro de guerra. Amosis prosiguió la lucha entrando en territorio asiático, lo que le convierte en fundador del Imperio Nuevo de Egipto. Por eso mereció que se le considerara el iniciador de una nueva dinastía, la dinastía XVIII, la más brillante de la historia egipcia.
Una vez expulsados los hicsos, Amosis se enfrentó a la tarea de
consolidar las fronteras de Egipto, cosa que logró mediante una
serie de rápidas campañas que sellaron la forntera siria
y sometieron Nubia (Cush).
Amosis 1 reinó por 25 años, edificó templos y dio
poder y tierras a sus subalternos.
La reunificación del Doble País
Por primera vez en más de cien años todo Egipto era gobernado
por un solo rey, desde la ciudad de Tebas, la nueva capital. Amosis I
fortaleció el sistema económico, restableció el comercio
con otros países, reconstruyó los templos y edificios oficiales
destruidos durante la guerra y recompensó a quienes le apoyaron
en la guerra de liberación.
Conquistas militares y prosperidad económica
Amosis no se contentó con sólo expulsar a los hicsos de
Egipto. Invadió el reino de Nubia al sur y los diferentes reinos
de Canaán al norte, destruyendo a los antiguos aliados de los hicsos
y capturando un gran botín. Estas conquistas militares hicieron
de Egipto un imperio. Los tributos a pueblos conquistados y el intercambio
comercial con Nubia, Siria, Fenicia, Creta, Chipre y las islas del mar
Egeo trajeron a Egipto grandes riquezas.
Amenhotep I, sucesor de Amosis, luchó contra los libios y avanzó hacia el sur, atravesando Nubia, hasta la segunda catarata del río Nilo.
En sus numerosas campañas, Tutmosis I avanzó con sus tropas
más allá de la cuarta catarata del Nilo, en la Alta Nubia,
y llegó a contemplar las orillas del Éufrates mientras luchaba
contra los pueblos de Siria y el naciente Imperio de Mitanni.
Tutmosis II tuvo un reinado muy breve, lo que dio oportunidad a que su
hermanastra, descendiente directa de los grandes faraones libertadores
de los hicsos, lograra ascender al trono y convertirse en la primera mujer
importante en la historia, de nombre Hatshepsut.
Como faraón, Hatshepsut no participó en campañas militares de gran consecuencia, pero sí realizó un importante viaje de intercambio comercial del cual obtuvo los mejores árboles de incienso y mirra, extrañas especies animales antes nunca vistas y generosos cargamentos de oro, marfil, ébano y otras maderas preciosas que enriquecieron considerablemente las arcas reales y las de los templos.
A
la muerte de Hatshepsut, Thutmose III fue por fin rey único de
Egipto, sin ninguna atadura. En los 34 años que Thutmose III gobernó
completamente solo emprendió numerosas campañas, tanto en
el Próximo Oriente como en Nubia y emulando a su abuelo, el gran
Thutmose I, realizó numerosas conquistas. Condujo al menos 17 campañas
militares a Palestina y Siria, y alcanzó el Eúfrates. Bajo
su reinado Egipto alcanzó su máxima extensión, con
dominios en Siria, Palestina, el Sinaí y toda Nubia, además
de efectivos contactos comerciales con los reinos vecinos.
El reinado de Amenhotep III puede calificarse como el más próspero de toda la historia de Egipto, pues fue inmediatamente después de las gloriosas campañas asiáticas de Thutmose III y de Amenhotep II. La estabilidad lograda por las conquistas de sus predecesores trajo una época de prosperidad, debido a los tributos pagados por los pueblos vencidos. Egipto era, indiscutiblemente, la gran potencia de la zona. La paz favorecía el comercio, fuente adicional de riqueza.
Akenatón, su hijo y sucesor, se preocupó más de las cuestiones religiosas que de la política. Durante su reinado, los hititas aliados con sus vecinos amorreos y babilonios aprovecharon esta ocasión para rebelarse y llegar hasta las mismas fronteras de Egipto, y todas las colonias sirias se perdieron.
No se conocen campañas militares llevadas a cabo durante el reinado de Tutankamón.
Horemheb fue el último faraón de la XVIII Dinastía egipcia. Era descendiente de una antigua familia aristocrática, aunque no estaba emparentado con ningún miembro de la familia real. Durante el reinado de Akenatón, fue el comandante de las tropas y uno de los líderes del ejército. Intentó recuperar la influencia internacional del país, al emprender la conquista de Palestina sur y planificar la futura invasión de Siria. Horemheb ha pasado a la historia como un rey que gobernó con mano de hierro y cierta dureza, pero que logró recuperar casi completamente la situación del país, muy abandonada desde tiempos de Akenatón.
Religión
La clase sacerdotal fue una de las que más se benefició
con las conquistas y la reunificación del Alto y el Bajo Egipto,
especialmente la de Tebas, dedicada al culto de Amón. Símbolo
del patriotismo egipcio, Amón pasó de ser un dios local
a dios principal todopoderoso de Egipto, identificado con Re, el dios
de dioses (neter neteru). Gran cantidad de riquezas en oro y trigo fueron
administradas por los sacerdotes del templo de Amón en Karnak.
Todos los monarcas de la dinastía 18, con excepción de Akenatón, realizaron generosas donaciones al dios Amón de Tebas. La reina Hatshepsut, en particular, le debió mucho a los sacerdotes de Amón porque, sin su ayuda, no hubiera sido posible que ascendiera al trono como faraón.
Hatshepsut había logrado, con grandes donaciones, que el clero de Amón apoyase su candidatura al trono, y ahora los sacerdotes eran demasiado poderosos. Tutmosis III se encargó de contentarlos ampliando sus dominios, pero al mismo tiempo limitó su influencia nombrando sumos sacerdotes a amigos suyos.
El poder del clero de Amón era demasiado grande y ya empezaba
a competir con el del faraón, debido a las inmensas riquezas que
había recibido tiempo atrás. Por ello, en vez de hacer como
sus antecesores, que legitimaban su acceso al trono gracias a la intercesión
de Amón, Tutmosis IV optó por declarar que era el dios Ra,
quien le aseguró que sería rey si desenterraba de la arena
la Gran Esfinge, que yacía semienterrada desde hacía varios
siglos, y olvidada por todos.
Murió joven, y le sucedió su hijo mayor, Amenhotep III,
quien continuó el culto a Re y al disco solar Aton, sin dejar de
complacer a la clase sacerdotal de Amón con ampliaciones al templo
de Karnak y la construcción del templo de Luxor.
Akenatón llegó al trono con el mismo nombre monárquico que su padre, Amenhotep (Amón está satisfecho), sin embargo, como consecuencia de su reforma religiosa, tras cuatro o cinco años de reinado cambió su nombre por el de Akh-en-Aten, que significa "Agradable a Atón".
Para
oponerse al poder de la clase sacerdotal, Akenatón reformó
la religión con un nuevo culto monoteísta en torno a un
Dios-Sol, como lo es Re, llamado Atón, representado como un gran
disco solar alado, del que salen brazos en disposición radial,
que acaban en manos con el signo ankh de la vida, para recoger las ofrendas,
dando a cambio luz y vida. Atón era un dios universal, creador
de todas las cosas y anterior al mundo. El faraón era el único
profeta de Dios e intermediario ante los hombres.
Ordenó cerrar todos los templos del dios Amón. A los sacerdotes
les quitó los privilegios y confiscó todas las posesiones.
Como sumo sacerdote de Atón, el llamado "faraón hereje"
no aceptaba la autoridad del sumo sacerdote de Amón, que tenía
el título de Jefe de los sacerdotes de todos los dioses y un gran
poder político, y también suprimió el culto a Osiris,
ya que el destino en el Más Allá dependía de la lealtad
al faraón. Pero el pueblo seguía adorando a los dioses antiguos.
Después de su muerte, la corona pasó al joven rey Tutankatón.
Tendría unos diez años, por lo que los funcionarios anularon
todas las reformas anteriores, y a los cuatro o cinco años de reinado
ya habían cambiado su nombre por Tutankamón, de adoradores
de Atón a seguidores de Amón. Se rehabilitaron los templos
de Karnak y se restableció el culto a los dioses de siempre para
conseguir el apoyo de la casta sacerdotal.
Arte y Cultura
En sus últimos años de reinado, Amosis inició una
intensa actividad artística y arquitectónica, ordenando
que un 10% de los ingresos se usara para el embellecimiento y ampliación
de los templos. Su sucesor, Amenhotep I, fundó la ciudad de los
artesanos y constructores de tumbas, conocida hoy como Deir el-Medina.
Tutmosis I, sucesor de Amenhotep I, fue el primer faraón en ser enterrado en el Valle de los Reyes, donde se encuentra la mayor cantidad de tumbas de los más grandes faraones de Egipto, hoy uno de los centros principales de investigación arqueológica en el mundo.
Durante
el reinado de Hatshepsut, Egipto disfrutó de uno de sus momentos
de mayor prosperidad. La faraona mandó a hacer los obeliscos más
grandes que se habían erigido en Egipto hasta entonces. Una de
las joyas de la arquitectura egipcia es el templo funerario de Hatshepsut
en Deir el-Bahari, una estructura en forma de largas terrazas y de rampas
que está entre los destinos más visitados por los turistas.
Tutmosis III ordenó ampliar el templo de Amón en Karnak, dejando grabadas largas inscripciones divulgando sus campañas militares y las donaciones que hizo al templo. También mandó erigir siete grandes obeliscos en Karnak, que posteriormente fueron trasladados a las capitales occidentales de Roma, Estambul, Londres y Nueva York.
El reinado de Amenhotep III coincidió con una época de paz, prosperidad y esplendor artístico. El faraón realizó numerosas construcciones en el templo de Amón en Karnak y supervisó la construcción del templo de Luxor, una monumental y bellísima edificación que aun puede admirarse. Su templo funerario, situado en la orilla occidental del río Nilo, fue en su tiempo el mayor complejo religioso de Tebas. Desgraciadamente lo construyó en una zona que sufre continuas inundaciones. Los Colosos de Memnón, dos estatuas de 18 metros de altura, que estaban situadas a la entrada del complejo, son el único resto que aún sigue en pie de aquel fabuloso complejo.
Durante el reinado de su hijo Akenatón ocurrió un cambio radical en el arte. Las representaciones humanas se volvieron mucho más realistas y se abandonaron las convenciones usadas hasta entonces. Este estilo de arte es hoy día conocido como el estilo Amarna, y entre sus más bellas expresiones se encuentra el busto de la reina Nefertiti y una buena parte de los llamados "Tesoros de Tutankhamen". Dos artistas, Totmés y Bek, quedan documentados entre los poquísimos artistas cuya identidad individual se conoce. El estilo de Amarna fue suprimido tras el retorno de la religión tradicional por el faraón Horemheb.
El legado artístico y cultural de la Dinastía 18 es uno de los más apreciados de la civilización egipcia. Fue una época de grandes edificaciones, empleo de materiales preciosos y un refinamiento estético de las formas que dio paso a las aportaciones de la dinastía siguiente, de la cual se destaca sin duda el reinado de Ramsés el Grande.
Fuente: http://www.all-about-egypt.com/18th-dynasty.html